La mentira nos divide en tres: honestos, deshonestos y enfadados

Todo el mundo conoce la sensación de shock y traición que se vive al darse cuenta de que le han mentido. Pero también somos conscientes de la tentación que existe para mentir en beneficio propio. Muchos lo habrán hecho.

Esto plantea una interesante cuestión: cuando es posible mentir en beneficio propio, ¿qué personas aprovecharán la oportunidad? ¿Qué porcentaje siempre dice la verdad independientemente de todo lo que esté en juego? Y, ¿qué porcentaje siempre miente para maximizar su ganancia?

Los psicólogos también quieren saber si esos comportamientos son intuitivos. ¿Estamos programados para mentir por norma o, por el contrario, para decir la verdad? La respuesta tiene importantes implicaciones para nuestra comprensión de la naturaleza humana y nuestros esfuerzos para fomentar o desalentar ciertos comportamientos en la sociedad.

Ahora tenemos más datos sobre esto gracias al trabajo de la investigadora del Instituto de Investigación de Ciencias Matemáticas de Berkeley Hélène Barcelo (EE. UU.) y el investigador de la Escuela de Negocios de Middlesex en Londres (Reino Unido) Valerio Capraro. El equipo ha diseñado una manera ingeniosa de comprobar nuestra veracidad inherente y afirman que sus datos sugieren que los humanos se dividen en tres categorías: los buenos, los malos y los enfadados.

Al nivel más básico, decidir si mentir o no es una cuestión binaria, decimos la verdad o no. Los psicólogos han diseñado numerosos experimentos para explorar este escenario.

Sin embargo, en el mundo real, la decisión es normalmente más compleja. Implica un cálculo para determinar el beneficio que podemos obtener por mentir, además del castigo que puede ocasionar y si el potencial beneficio compensa la potencial pérdida. Los psicólogos han también han intentado medir este fenómeno, con distintas maneras de mentir que permiten a las personas evaluar cuál les beneficia más.

No obstante, ningún experimento analizaba todos estos factores al mismo tiempo. Así que Barcelo y Capraro diseñaron un ingenioso experimento que tienta a las personas a mentir y además les da la oportunidad de hacerlo de distintas maneras asociadas a distintos beneficios.

El experimento es un texto en línea para trabajadores de la página web de crowdsourcing de Mechanical Turk de Amazon, disponible para una gran cantidad de personas. La investigación detalla: “Al ver cómo se distribuyen las elecciones podemos dividir a las personas en categorías, en función de la estrategia que siguen“.

A los participantes se les dice que van a ver una lista de números entre el 1 y el 90 generada al azar. Al mismo tiempo, también se les enseña un número que indica una posición en la lista. La tarea para los voluntarios consiste en calcular qué número aparece en esta posición. A cambio, recibirán el valor de ese número en céntimos.

Los sujetos no saben que a todos se les enseña la misma lista de números. Así, Barcelo y Capraro intentan averiguar si las personas identifican el número correcto o deciden elegir otro de la lista.

La lista de números es la siguiente: 25, 3, 63, 54, 28, 70, 37, 36, 26, 31, 43, 15, 30, 60, 33, 37, 15, 63, 16, 50, 4, 71, 79, 2, 85, 48. La mitad de los voluntarios debía identificar el número en la posición 19 y a la otra mitad el que ocupaba la posición 22. Sus respectivas respuestas eran 16 y 71.

Estas respuestas representan resultados muy distintos. Los voluntarios desafortunados, a los que se les ha pedido que identifiquen el 16, saben que recibirán solamente 16 céntimos pero pueden mejorar su resultado eligiendo cualquiera de los números a los lados: 63 o 50. Este puede parecer un error fácil de cometer y podría ser interpretado como una exageración.

Pero podrían sacar aún más beneficio eligiendo otros números.La opción más rápida es elegir uno de los primeros número altos de la lista, por ejemplo 63 en la posición 3, o 70 en la posición 6 o podrían elegir el pago más alto de 85 céntimos en la posición 25.

En cambio, los voluntarios a los que debían identificar el 71 tenían mucha más suerte. Su pago es cercano al máximo de 85 céntimos, así que tiene menos incentivos para mentir.

Barcelo y Capraro pidieron a 800 personas que completaran el experimento. Su media de edad era de 37 años; el 52 % eran hombres y el 48 %, mujeres. En la mitad de los casos, los investigadores establecieron un límite de tiempo para responder ya que querían estudiar el efecto de la presión del tiempo.

Los resultados son interesantes. Parece que la mayoría de las personas son honestas, con un 84 % de respuestas correctas. Y el mayor número de voluntarios que decidió mentir pertenecía al grupo más desafortunado del experimento.

Esto sugiere que las personas calculan la respuesta y solo mienten si el resultado es malo para ellas. En otras palabras, su honestidad está condicionada por el resultado.

Pero un 50 % de los voluntarios dijeron la verdad independientemente de cómo les afectaba: son los incondicionalmente honestas. Curiosamente, ninguno de ellas exageró ni un poco, ya que ninguno de los voluntarios del grupo desafortunado eligió las posiciones de alrededor de la correcta.

En cambio, todos los mentirosos maximizaron sus beneficios eligiendo números más altos de otras partes de la lista. Estos mentirosos se dividen en mentirosos condicionales e incondicionales. Algunos siempre mienten y otros deciden mentir solamente después de haber evaluado el resultado para ellos. Un pequeño porcentaje de los mentirosos incondicionales eligió el pago máximo independientemente del verdadero resultado.

Lo que no hizo absolutamente ninguno de los voluntarios fue optar otra estrategia como elegir un número al azar.

Los investigadores resumen sus resultados subrayando que los participantes pueden dividirse en tres categorías. En la primera están las personas que siempre dicen la verdad independiente de si tienen suerte o no en el resultado. Estos son los buenos y constituyen el 50 % de nosotros. En el segundo están los mentirosos condicionales que evalúan el resultado y mienten si éste les disgusta. Estos son los enfadados y constituyen tal vez un 35 % del total. El último grupo es el grupo de los malos. Estos son los que siempre mienten para conseguir el mejor resultado para ellos. Este grupo constituye no más del 15 % del total.

Curiosamente, los investigadores dicen que las mujeres son sistemáticamente más honestas que los hombres, un resultado que concuerda con los de otros estudios anteriores. “Los hombres mienten más que las mujeres en las situaciones que les interesan”, afirman Barcelo y Capraro.

Los experimentos también demuestran que ser deshonesto requiere más tiempo, lo que podría sugerir que es un proceso reflexivo en lugar de intuitivo. Sin embargo, el diseño del experimento desempeña un papel importante a la hora de determinar este tipo de respuesta; hace falta más trabajo sobre esto.

El resultado más alentador es que muchos de nosotros somos incondicionalmente honestos; al menos en este experimento. Esto sugiere que en muchas situaciones deberíamos poder contar con la honestidad de las personas. Pero también es importante saber que las personas deshonestas pueden aprovecharse en beneficio propio. ¡Así es la naturaleza humana!

Un artículo escrito por Emerging Technology From The Arxiv