Afrontar: aceptar, pelear, diferenciar

La vida es una especialista en ponernos contra las cuerdas, en darle un ritmo a los latidos de nuestro corazón que no hemos buscado. Otras veces sí, pero sin querer. Sí, hablamos de esa colección de problemas que todos tenemos, como si fuera un colgante, a veces colgante de piedras y otras colgante de papeles -dependiendo un poco de nuestro estado de ánimo- que todos llevamos. Frente a ellos, los problemas, desarrollamos diferentes estrategias de afrontamiento. En este sentido hoy hablaremos de aceptar, pelear y diferenciar.

Aceptar, ¿qué? Pelear, ¿contra quién? Diferenciar, ¿el qué? La respuesta es única, los propios problemas. Sí, hoy hablaremos de la importancia de aceptar aquello que no podemos cambiar, de pelear para transformar aquello que sí y de la inteligencia para decidir cuál de estas dos estrategias utilizar.

Aceptar lo que no se puede cambiar

A veces, cuesta, y mucho. La impotencia nos carga de energía, tanta que muchas veces se convierte en frustración dolor y rabia. Hablamos del duelo. De aquello perdido y que no se vamos a poder recuperar. El ser querido que falleció, los años que se fueron, la pierna amputada, la sensación de volver a una casa.

A medida que crecemos, nos volvemos expertos en ello. Con los años todos terminamos rellenando un saco de ausencias que nos enjuaga la tristeza en nostalgia. Aceptar tiene que ver con entender esa sensación de “ya no” como parte de nosotros, en integrarla en nuestra historia. En reconocer su peso; sí, pero como parte de nosotros, integrándolo en nuestra historia, bebiendo también de lo que nos han dejado y no sólo de los sentimientos que manan de la ausencia.

A mucho de lo que se marcha, por mucho que firmemos despedida, no dejamos de quererlo. De integrarlo en nuestra historia, de proyectarlo hacia el futuro. Porque buena parte de lo que esperamos tiene que ver con lo que hemos vivido. El niño que ha vivido rodeado de personas buenas, esperará que los demás sean personas buenas y las tratará como tal, aumentando la probabilidad de que lo sean.

Aceptar tiene que ver con entender, pero no sólo desde una vertiente cognitiva, sino también desde una vertiente emocional. Compensando en este terreno también lo que falta con la fortuna, sentida, de lo que fue.

Pelear, luchar, plantear una batalla

Pelear, luchar, plantear una batalla… invertir recursos, asumir un desgaste. Nos pasamos cuatro o cinco años estudiando una carrera, nueve meses esperando a un niño, horas y horas haciéndole frente al cáncer, instantes con la cabeza entre las piernas esperando a que la siguiente bomba estalle. Estudiamos para aprobar, buscamos el mejor tratamiento y al mejor médico para que nos cure, evaluamos el terreno y buscamos la zona más segura.

Cuando entendemos que tenemos parte del control y que con esa parte podemos conseguir algo positivo, nos ponemos en marcha. Ya sea para metas difíciles o fáciles. En este sentido, cuidado, no perdamos la perspectiva, hay personas que gozan con de un alto grado de masoquismo y tienen especial querencia por aquellas metas que les producen un mayor sufrimiento o les producen un gran desgaste. De alguna manera, parece que necesitan sufrir para vivir, igual que comen o duermen.

Recordemos que hablamos de estrategias de afrontamiento ante problemas. Así, antes de luchar o pelar, lo mejor es intentar reducir la cantidad de problemas. Separar los reales de los que nos inventamos. Detrás de esos “tengo que”, “debería de”. Es fantástico hacer deporte, pero este no puede convertirse en un sufrimiento constante; es fantástico comer sano, pero intentemos no llenar nuestra despensa con todo aquello de lo sano que menos nos gusta. El sufrimiento extra en estos casos rara vez trae beneficios extra; lo único que hace es aumentar la probabilidad de que abandonemos hábitos saludables.

Diferenciar

De poco sirve la capacidad e aceptación o la de compromiso y lucha sin la inteligencia suficiente para diferenciar qué problemas merecen una estrategia y no otra. Hoy por hoy, resucitar a alguien o viajar al pasado no es posible. Hablamos de enredos emocionales que se resuelven mejor a través de la aceptación. Por otro lado, señalar que cualquier problema que queramos enfrentar o cambio que queramos hacer también suele demandar una parte previa de aceptación. Es complicado, por ejemplo, que nos esforcemos en ser más amables si no aceptamos que quizás ahora mismo no lo somos.

De una manera o de otra, nos pasamos mucho tiempo en los terrenos que hemos descrito. Sin embargo, en muchas ocasiones lo que nos encontramos son encrucijadas en las que no sabemos si es mejor aceptar o pelear.

Imaginemos a esa persona con cáncer que lleva encadenados varios tratamientos. ¿Cuándo es el momento en el que la aceptación puede empezar a ser una estrategia mejor que la lucha? Por eso, para diferenciar es importante la inteligencia, pero también el conocimiento. Escuchar a los médicos y que el paciente se conozca a sí mismo ayudará a trazar esta línea… como en otras muchas ocasiones.

Escrito por Sergio de Dios Gonzalez